| Todas las personas pasamos por situaciones críticas a lo largo de la vida. Es en esas crisis donde más se puede sufrir y donde más podemos aprender.
Como todos sabemos, en la llamada “la Capital del Mundo”, el 11 de septiembre de 2001, ocurrió el ataque terrorista más terrible y mortífero en la historia de los Estados Unidos, en el cual desaparecieron del hermoso horizonte de Manhattan las imponentes torres gemelas. Asimismo, en Venezuela el 15 de diciembre de 1999, nunca antes nadie imaginó que en el estado Vargas pudiese haber ocurrido un desastre de la magnitud como el que sucedió, en el cual, las pérdidas humanas aún son indeterminables y la desaparición de zonas pobladas e infraestructuras también ha sido una horrible realidad que dejó así como en Nueva York, un desolado horizonte en La Guaira.
En las victimas que vivieron ambas tragedias se volvieron comunes los problemas para dormir, pesadillas, agitación, ira, culpa y tristeza. La aterradora alta tasa de muerte que produjo inesperadamente ambos eventos, provocó en muchos otros lo que se denomina duelo traumático o complicado. De igual manera, algunas personas que experimentaron directamente los desastres, desarrollaron un conjunto de problemas psiquiátricos tales como el trastorno por Estrés Postraumático, ansiedad, depresión y conductas autodestructivas, incluyendo el alcoholismo y la drogadicción. Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Columbia, encontró que los niños de la Ciudad de Nueva York, incluyendo los que no que viven cerca al área del desastre, continúan experimentando problemas psicológicos debilitantes y persistentes. Aproximadamente el 26% de los estudiantes encuestados en 94 escuelas públicas reportaron por lo menos un problema de salud mental luego del 11 de septiembre. A medida que leía este estudio, me preguntaba a mi misma: ¿Dónde y en que condiciones están los niños que sobrevivieron el desastre de Vargas?, ¿Cuántos estarán padeciendo de Estrés Postraumático u otros problemas psicológicos relacionados al trauma?, ¿Cuántos habrán sido asistidos y cuántos siguen desasistidos por profesionales de la salud mental? Mis preguntas se quedaron una vez más gravitando sin respuestas, produciendo en mi cierta frustración. Es lamentable saber que en el país aún no existen datos estadísticos que indiquen las cifras que me conciernen y preocupan. A diferencia de Venezuela, en Nueva York, diversas instituciones gubernamentales, privadas y académicas continúan sus esfuerzos para proporcionar intervención en crisis y entrenamiento a otros profesionales en cuanto a la evaluación y el tratamiento del Estrés Postraumático. El “Proyecto Libertad” , un programa auspiciado por la Agencia Federal de Emergencia y Administración de los Estados Unidos , continua ofreciendo servicios gratuitos para asistir a personas y a grupos afectados por el desastre del 11 de septiembre. El consorcio neoyorquino para el tratamiento efectivo del trauma financiado por la Fundación del periódico New York Times, tiene metas muy claras para continuar enfrentando las necesidades psicosociales de las familias, adultos y niños a raíz del desastre de las torres gemelas y permanece comprometido en crear una infraestructura que ofrezca tratamientos avalados por evidencia científica para la población afectada. Después de casi un año del derrumbe de las torres gemelas y a pesar de la ansiedad diaria que vive el neoyorquino acosado con la expectativa de que ocurra otro ataque terrorista, la mayoría de la población ha vuelto a sus trabajos y a sus rutinas habituales. Otros, están apenas comenzando un largo proceso de recuperación que intenta sobreponerse a sus experiencias y memorias traumáticas. Hoy, se puede decir que Nueva York reafirma su capacidad de recuperación, con un pronóstico favorable. Cómo quisiera poder decir, que los sobrevivientes del desastre de Vargas también se recuperan favorablemente, pero en nuestro país hemos utilizado el olvido como mecanismo perjudicial de adaptación y sobrevivencia. Pienso que aún no estamos preparados para otro desastre y que hemos aprendido muy poco del pasado. Tristemente pudiese asegurar, que muchas de las personas que vivieron el desastre de Vargas, aún se encuentran sumergidas en la tormentosa oscuridad de la noche del 15 de diciembre de 1999.
Por un imperativo moral y en estos momentos más que nunca, debemos reflexionar y aprender a resolver positivamente las situaciones críticas presentes y futuras de un modo racional, científico y a la vez humano.
Nota: Muchos de los datos publicados en este artículo fueron obtenidos en entrevista realizada al Dr. Jaime Càrcamo de la Universidad de Columbia de Nueva York, quien es Asesor Internacional de la Unidad de Psicotrauma Valencia. |