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Atahualpa Penzoo

     
   
  En el ámbito mundial los hombres sufren más traumas (El evento) y las mujeres sufren más el trastorno (las secuelas). El padecimiento del estrés postraumático en las mujeres se ubica en un 8% y en los hombres en un 6%”.  
Muchas personas que han sido víctimas de un hecho violento, tanto los perpetrados por el hombre como los causados por la propia naturaleza, experimentan ciertas incomodidades que al poco tiempo superan. Pero sabía usted que si luego de un mes de haber ocurrido el evento y aún la persona sigue expresando el mismo temor y angustia, lo más probable es que esté sufriendo de una enfermedad conocida como el estrés postraumático.

María Antonieta López, directora de la Unidad de Psicotrauma de Valencia, explica que este padecimiento se basa en un trastorno de ansiedad crónica. “Es una enfermedad que se desarrolla o aparece después de que la persona ha pasado por un trauma sicológico, sea accidente automovilístico, violación, secuestro, terremotos, inundaciones, asalto, y que a largo plazo dejan secuelas sino son bien canalizados”.

Ocurre que hay personas que no identifican el trastorno como tal, van al médico porque tienen dolor de cabeza, no pueden dormir o somatizan otros problemas y pueden estar presentando esta anomalía; lo importante es que sepan que después de un hecho traumático, puede surgir una perturbación por el estrés postraumático. Si persiste por un mes debe ir al especialista.

Aunque no todos los seres humanos responden igual ante determinadas circunstancias, explica López que las manifestaciones de este trastorno son similares:

1- La reexperimentación. Reviven involuntariamente a través de imágenes lo sucedido, también se incluyen las pesadillas, es como si estuviese viviendo el trauma en presente. En los niños que padecen este tipo de estrés lo expresan con juegos repetitivos, ellos no lo verbalizan, sino que lo manifiestan a través de conductas desestructuradas, dibujos, sueños y otras alteraciones conductuales.

2- La evitación. Se trata de evitar el recuerdo de la situación, cada vez que a la persona le viene una imagen o pasa por incidentes similares. De pronto, prefiere retirarse o esconder su temor cayendo en el alcohol, drogas o se automedica para escapar de la memoria traumática. Por ejemplo, hay quienes no creen que no volverán a tener un empleo, ni volverán a enamorarse; es decir, sienten que no pueden tener una vida normal. Gran cantidad de personas reporta que luego de un evento traumático, hay un antes y un después, como si hubiese una ruptura de la vida.

3- Aumento de la activación fisiológica, como insomnio, rabia, inestabilidad, ataques de ira hacia otras personas que no tienen nada que ver con lo acaecido. Suelen tener la hipervigilancia que se confunde con paranoia, ya que se sienten inseguros de que les pueda volver a suceder. “Eso no es paranoia, es una hipervigilancia, basada en los estímulos que le recuerdan el trauma. Un ejemplo claro, cuando las víctimas de un asalto en el transporte público quedan con la secuela del trauma y se bajan varias veces de las busetas, porque sienten desconfianza y están vigilando cada emoción que les recuerde lo pasado. Otros episodios similares son las respuestas exageradas o sobresaltos, puede ocurrir si una persona estuvo en un asalto y hubo disparos, llegue hasta dar un brinco exagerado al oír un ruido parecido”.

El miedo es una emoción innata

¿Y cómo un individuo puede evitar no sentir miedo o terror, tratando de autocontrolarse cuando es víctima de un atraco? La investigadora responde: “El miedo es una emoción innata, así como la alegría, la tristeza la rabia. Por ejemplo, si sacan un arma en una buseta y amenazan a todos los pasajeros, todos se asustarían, porque es normal que sientan miedo como emoción básica del ser humano, es congruente, pero los que se rían están disociándose de la realidad en que viven. La diferencia que permite la aparición del estrés postraumático es cuando algunos, ante la misma situación de asalto, responden con temor, desesperanza y un horror intenso, es decir no solamente sienten miedo sino que les invade la sensación de que lo van a matar y va a morir”.

La respuesta o comportamiento que asumen los individuos al pasar por un trauma similar, -según López- pueden ser tres formas de reacciones conductuales como: “Algunos pueden entrar en shock o congelarse, pueden llorar, gritar, sin buscar enfrentarse. Otros prefieren huir o escapar para salvar su integridad, mientras están los que se enfrentan y deciden pelear. Generalmente, quien responde con más violencia recibirá el doble o triple de agresión”.

No obstante, refiere la doctora María Antonia López que cada quien procesa el episodio de una manera subjetiva. “No todos lo perciben de la misma forma, por eso hay otras personas que viven un trauma y no presentan trastornos, cada caso es individual y se complica si tienen otras comorbilidades”.

Quizás la interrogante es saber si esta enfermedad tiene cura y cómo se logra, pues hay buenas noticias. La terapeuta indicó que sí existe solución, la cual se consigue al procesar la memoria traumática a través de una técnica conocida como EMDR.

“La memoria traumática no la cura ningún fármaco, hay que procesarla a través del tratamiento sicoterapeuta. Cuando dormimos se producen el sueño rem, en ese momento se procesa la información del día a día, de lo cotidiano, pero cuando nos ocurre un evento traumático, que entra abruptamente en el cerebro, no se procesa, se queda allí y se sigue reexperimentando esas imágenes. Hay que desarticular la respuesta emocional condicionada luego del trauma”.

En la sesión clínica, por medio de técnicas al paciente se le produce el sueño rem, buscando que recuerde lo sucedido. Las terapias duran entre 45 a 60 minutos. La exposición en el sueño rem es alrededor de media hora. Usualmente la recuperación se logra después de diez consultas, que estarían divididas en seis sesiones que experimenta lo sucedido y luego cuatro donde se expone en vivo, contando la experiencia sin que sienta ningún trastorno. Se le da de alta cuando está asintomático por más de tres meses, mediante un seguimiento con escalas para medir la ansiedad. Hay personas que llegan a tener un mejor funcionamiento ante el trauma, incluso unos los llegan a manejar mejor si algo les vuelve a suceder.

Sin embargo, a pesar de que la estabilidad vuelva a reinar hay que tomar en cuenta que en algunos casos, ciertos estímulos pueden poner a los afectados un poco nervioso. “Por ejemplo, un sobreviviente de la tragedia de Vargas al ver una nube negra y si llueve fuerte, podría recordarse de ese evento pero son sólo estímulos que le llegan a la memoria. Puede ser normal sentir tristeza, pero no sentir miedo intenso que lo incapacite o limite la posibilidad de seguir con su rutina. Es normal que esos estímulos aparezcan, pero no son ni intensos ni persistentes, es dejar que fluya la emoción, el que yo me sienta triste un día no quiere decir que caí en la depresión o porque me sienta con miedo tenga un trastorno”.

Países desarrollados más proclives al estrés postraumático

En Estados Unidos la probabilidad de ser víctima de un evento traumático supera el 60 %, sobre todo en las ciudades más pobladas y violentas. El padecimiento de un trastorno como el estrés postraumático se da en ciudades con dichas características, pero es más alto en países que estén en guerra.

Pero, en nuestro país aunque no hay guerra, ni hay cifras oficiales, más de la mitad de la población venezolana ha sufrido un evento traumático, bien sea un asalto, accidente automovilístico, secuestro, o cualquier manifestación de violencia. “Recordemos que en Carabobo la segunda causa de muerte son los hechos violentos. Y aunque la mayoría de las personas responde naturalmente y supera esta enfermedad, otros no. Es algo serio, que se debe abordar, ayudando a la gente para que lo supere reestructurando sus vidas”.

Informó María Antonia López que en la Unidad tienen planteado la realización de un estudio que determine cuántas personas han pasado por un evento traumático.

Esta investigación estaría lista a finales de año, si los entes públicos y privados se involucraran con el proyecto. “Se resolverían muchos problemas sociales y mientras más rápido la atención, la recuperación será menos complicada. Además se aplicaría la psicoeducación, ya que muchos desconocen que el estrés postraumático es una enfermedad y deteriora la calidad de vida”, argumentó María Antonia López.

Los niños también...

En el caso de los niños el estrés postraumático puede convertirse en crónico. Resulta que los padres perciben que sus hijos presentan ansiedad, pesadillas, bajo rendimiento escolar, dificultad de concentración, y suelen regañarlo y ya cuando van al especialista el problema está bien avanzado, incluso puede presentar deterioro en el desarrollo a la adolescencia.

Detalla la psicóloga que los casos de violación o maltrato familiar derivan en una mayor complicación, ya que los niños se vuelven inseguros percibiendo al mundo y a las personas como amenazantes. El pequeño no comunica su caso porque está bajo amenaza o si lo dice no le creen. “Básicamente, ellos tienen menos herramientas para expresar el evento traumático a diferencia del adulto que lo expresa más espontáneamente. Por lo general, estos niños al crecer tienen problemas en sus relaciones familiares, personales y de pareja y terminan asistiendo a la consulta ya adultos para tratar un problema que viene desde la infancia”.Es importante recordar –de acuerdo con la especialista- que si estos ejemplos no se tratan a tiempo, los niños al ser adultos también podrían presentar algunos trastornos en la conducta, incluso pueden llegar a convertirse en sádicos, maniáticos, asaltantes, violadores, hasta en asesinos, dependiendo del trauma que sufran.

“En un estudio en la cárcel de Tocuyito varios de los reclusos presentaban familias u hogares desestructurados, donde predominaba la violencia. Aunque un ser humano viva en plena violencia, no se hace inmune a ella, pues no se desensibilizan, tienen mal manejo de la rabia, de la frustración, llegan a cometer crímenes bajo los efectos de las drogas que las consumen por la evitación. Son problemas más complejos con muchos componentes que influyen, que al no ser tratados en su debido momento el afectado termina en una persona desequilibrada. Tampoco es lo mismo una persona que haya vivido un único evento traumático a otra que viva consecutivamente episodios similares”. Fuente: el-carabobeno.com
 
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